miércoles, 1 de mayo de 2013

[BaekYeol] El 24 de diciembre.


Hoy es veinticuatro de diciembre. Los chicos y yo hemos decidido organizar una pequeña fiesta para celebrar la Navidad. Como estamos preparando nuestro nuevo álbum, no hemos podido reunirnos con nuestra familia en esta fecha, mucho menos los que la tienen fuera de Seúl, aunque para año nuevo podremos disfrutar de unos días de descanso.
Así que allí nos encontrábamos en nuestro piso, organizando unos cuantos la cena, otros la mesa, y otros simplemente estaban encerrados en sus cuartos terminando de envolver los regalos de última hora. Estábamos muy emocionados porque era nuestra primera Navidad juntos como grupo.
Desde la cocina emanaba un apetitoso aroma. Kris y Kyungsoo llevaban enfrascados en la cena prácticamente desde la tarde, y Suho y Kai les ayudaban un poco. Sehun y Luhan se divertían colgando adornos navideños con Chen y Xiumin. Lay y yo estábamos poniendo la mesa usando la cubertería más elegante de la que disponíamos y un mantel navideño muy gracioso que compramos en una tienda, a juego con las servilletas.
Baekhyun y Tao estaban encerrados en sus habitaciones, terminando de envolver unos regalos. Aquello había sido un caos, nos pusimos de acuerdo once para comprar el regalo del que sobraba, y así con todos. Todavía me río de la que liamos, fue una locura ponerse de acuerdo…Sin embargo, algunos habíamos pedido quedarnos fuera si queríamos hacer un regalo más especial a otra persona. Por ejemplo, Sehun y Luhan quisieron regalarse entre ellos aparte…desde que se conocieron lo sigo pensando: algo esconden. Son demasiado cercanos. Aunque…qué voy a decir yo. Yo también tengo una persona especial, una personita increíble y fascinante que me tiene embobado desde el día en que le vi entrar en la sala, con aquellos pequeños ojos extraviados mirando a todas partes, avergonzado. Me cautivó. Por eso fui el primero en presentarme y me ofrecí a ayudarle en cualquier cosa que necesitara, y esa misma noche, para sorpresa del resto, era como si nos conociéramos de toda la vida. Esa persona es mi dulce Bacon.
Pronto nos convertimos en los mejores amigos. Quizás fue la suerte o quizás el destino, pero nos adjudicaron la misma habitación, y yo me emocioné por poder ser su compañero de cuarto. Compartir habitación hizo que intimáramos aún más. Empecé a saber más de sus secretos, sus pequeños defectos. Esos ruidos tan extraños que hacía antes de quedarse dormido. Reconozco que la primera vez que lo escuché me asusté y pensé que estaba haciendo cosas raras. Ya sabéis…con la mano. Pero no estaba haciendo nada,  estaba profundamente dormido y con las manos quietas. Al día siguiente se lo conté sin poder parar de reír y me pegó en el brazo enojado y ruborizado hasta las orejas. Después me pidió perdón y me explicó que no lo controlaba y que le pasaba desde pequeño, todo con un adorable rubor en sus mejillas. Pensé que era muy tierno.
Los demás siempre nos tienen por los bromistas, y es que siempre estamos pasándolo bien. Sé que él no es tan feliz de la vida como yo, pero se lo contagio. Hacíamos un montón de trastadas, siempre estábamos de chistes. Su risa me daba vida. Y a los pocos meses, empecé a sentir algo por él.
Algo más que amistad, me refiero. Cuando debutamos yo ya sabía que me gustaba mucho. Por las noches, después de cenar, nos quedábamos en la habitación hasta las tantas de la noche con su portátil viendo vídeos o jugando a juegos. Otras veces nos quedábamos en el salón viendo la tele, otras acompañábamos a Sehun cuando le daba el bajón porque echaba de menos a Luhan. Pero hiciéramos lo que hiciéramos, siempre estábamos juntos. Somos inseparables.
Recuerdo el día que le dijeron que tenía que pintarse los ojos con delineador. Al principio se negó, pero le obligaron. Es más, le dijeron que su imagen a partir de ese momento requeriría llevar delineador, que le hacía los ojos más bonitos y que sería como su marca de identidad. Estábamos en una sesión de fotos, y tras la sesión de maquillaje se acercó a mí avergonzado sin querer mirarme a los ojos. Le pregunté qué le pasaba y alzó la mirada, diciéndome bastante avergonzado que parecía una mujer. Pero no parecía una mujer, de hecho a mí me encantaron sus ojos así, y se lo dije:
-Bacon, estás genial. Te queda mejor que a nadie, mejor que a una mujer. A mí me encanta.
Dije con sinceridad. Él sólo me sonrió, y desde aquel día cambió su actitud e iba diciéndole a todo el mundo que le encantaba pintarse con el eye-liner. Sabía que su cambio de opinión fue por lo que le dije. Porque sabía que tenía mucha influencia sobre él, igual que él sobre mí. Pero no le dije nada. Aun así, ese tipo de cosas me ilusionaban y no sabía si era bueno ilusionarme tanto. Al fin y al cabo él es un hombre, y le gustaban las mujeres, como a la mayoría de los tíos.
Durante las jornadas en la academia lo pasábamos muy bien. Él canta como los ángeles y yo soy el rapero principal, pero el baile no era nuestro fuerte, así que nos quedábamos ensayando juntos muchas veces para ayudarnos mutuamente, a veces se unía Kai a nosotros y siempre estaba de broma diciendo que Baekhyun lo hacía mejor que yo. Siempre le mandaba a la mierda entre risas, pero me hacía gracia ver la cara de ilusión de Bacon cuando se lo decía. Era tan mono. Cuando había algún momento libre me pedía por favor que le enseñara a tocar la guitarra o la batería, y practicábamos juntos.
Estar cerca de él me llenaba de alegría, y a la vez me dolía. No eran pocas las veces que me quedaba atontado mirando sus dulces ojos o sus labios. Me moría por probarlos. Más aún en las noches en que nos sentábamos juntos en la misma cama y compartíamos anécdotas hasta que se quedaba dormido sobre mi hombro. Después le ayudaba a meterse dentro de la cama medio dormido y le daba un beso en la frente en secreto. Creo que aún no sabe la de veces que he hecho eso, porque siempre estaba frito. O eso espero.
Pero el otro día pasó algo cuando estábamos comprando el regalo de Chen. Entre todos decidimos qué comprar, pero por sorteo nos tocó a nosotros acercarnos a la tienda, así que aprovechamos para pasar la tarde juntos y cenar en algún sitio. Estuvimos toda la tarde de tiendas, nos compramos mucha ropa y fuimos a un supermercado para comprar aperitivos y chucherías. En nuestra habitación siempre teníamos un cargamento de eso para nuestras noches.
Cenamos en su restaurante favorito y fue genial. Como siempre que estaba con él. Pero ese día sentí que me miraba de forma diferente. Tenía un brillo especial en los ojos, o quizás era mi imaginación.
-Le voy a pedir a los chicos comprar tu regalo yo solo, y que ellos se las apañen como puedan. – Me dijo sonriendo, mientras comía de su helado.
-Pues yo también quiero comprarte el regalo yo solo. – Le contesté con otra sonrisa.
Él soltó una risita. Escondía algo y se le notaba. Desde entonces me pregunto qué era lo que se traía entre manos.
-¡Vamos, la cena está lista! – Exclamó Kyungsoo desde la puerta de la cocina. Todos nos reunimos en el salón y admiramos la cantidad de platos tan excelentes que habían preparado los cuatro cocineros.
-¡Qué buena pinta! – Dijo Sehun emocionado, tomando asiento enseguida.
La cena transcurrió entre risas y nos los pasamos muy bien. Aparte de que nos pusimos las botas comiendo, y es que además de los tres platos que habían cocinado y de los aperitivos, habían hecho una tarta de postre, un flan y habían comprado helado. Para todos los gustos. Después de la cena fuimos al árbol de Navidad, donde Tao y Baekhyun se habían encargado de poner todos los regalos y fuimos a abrirlos. Todos estaban encantados. Yo miraba hacia todas partes buscando mi regalo, no el de los chicos sino el de mi Bacon. Pero no veía mi nombre en ninguna parte más. Entonces una mano me agarró del brazo:
-¿Buscas tu regalo? – Preguntó con su típica risita.
-Sí…¿Dónde está?
-¿Y el tuyo? – Ahí me había pillado.
-Es que…quería dártelo aparte. ¿Vienes a la azotea? – Sus mejillas se encendieron y asintió. No se imaginaba lo que tenía pensado hacer desde hacía unos días hoy.
Sí, iba a declararme. Lo tenía pensado desde hacía un mes…Tuve que darle muchas vueltas, no sabía si iba a ser apropiado para el grupo o si saldría bien la cosa. Si era rechazado lo más seguro es que se enfriara la relación y no quería eso. Pero su comportamiento de los últimos días me daba a entender que quizás podía tener un poco de esperanza. Incluso la otra noche, mientras veíamos una película en la habitación, me cogió de la mano y entrelazó sus dedos con los míos. Fue él, no fui yo. Por eso, pensé que tenía que ser valiente y decírselo de una vez, después de un año suspirando por él en silencio.
Nos excusamos con todos diciendo que queríamos tomar el aire y pude escuchar algún silbido a modo de broma. Fue Kai, iba a matarle cuando volviera. Llegamos a la azotea, hacía un poco de frío, tanto que de nuestras bocas salía vaho con cada espiración, pero era agradable sentir la brisa. Se dirigió al extremo y se asomó a ver la ciudad iluminada. Después se dio la vuelta sonriente:
-Bueno…¿tú primero o yo? – Preguntó ilusionado.
-No sé…
-Entonces yo primero. – Dijo y me acercó un pequeño paquete que traía en una bolsa.
Lo abrí con ilusión y me encantó: era un álbum de fotos, y dentro sólo había fotos nuestras. Además había escrito dónde nos hicimos cada foto, las anécdotas que nos habían ocurrido, lo explicaba prácticamente todo desde que nos conocimos. Puede parecer una tontería pero mis ojos se volvieron vidriosos. Era el mejor regalo que me podría haber hecho.
-Esto…es genial, Bacon. Dios, ¡me encanta! – Exclamé emocionado y fui a abrazarle. Nuestro abrazo duró unos minutos, fue muy estrecho y sentí su dulce aroma. Sus manos me acariciaban por la espalda. Se sentía tan bien…Al final nos separamos. – Esta noche tenemos que leerlo juntos antes de dormir. – Me asintió feliz. – Bueno, ahora va el mío. – Le entregué una cajita y, muy sonriente, rompió el papel que la envolvía.
-¡Guau! ¡Es perfecta! – Dijo cogiendo la pulsera y entregándomela para que se la pusiera. No paraba de mirarla con los ojos como estrellas. – Me gusta, ¡me gusta mucho! ¡Gracias!
-Espera, que hay más. – Le entregué otro regalo, esta vez venía sin envolver. – Espero que te guste…
-¿Un CD? – Lo cogió y miró la portada. Era una cutrería que había hecho yo con el Paint con nuestros nombres, el disco tenía nuestras canciones preferidas o canciones que habían  marcado momentos que vivimos juntos. – Yeollie…me encanta. Son nuestras canciones.
Me encantó cómo había sonado esa frase. Pero ahora venía el momento más difícil. Tenía que decir esas palabras que tanto había ensayado estos días.
-Bueno, Bacon, yo… - Empecé a decir nervioso, cogiéndome las manos y jugando con los dedos. Tenía ser valiente. ¡Vamos!
-Espera. – Me cortó. – Yo también tenía otro regalo. – Le miré confundido. – Cierra los ojos y pon las manos así. – Me dijo colocando las palmas hacia arriba. Le obedecí y esperé a que pusiera algún objeto en ellas, pero entonces…sus manos se posaron sobre las mías, las bajó, cogiéndolas fuertemente, y antes de que me diera tiempo a abrir los ojos confuso por sus acciones sentí algo blandito sobre mis labios.
Eran los suyos…Entreabrí los ojos y vi su cara tan cerca como nunca la había tenido. Sus ojos cerrados y sus mejillas encendidas entre el frío y la vergüenza que tendría que estar pasando. Unos segundos después se separó, abrimos los ojos lentamente y nos separamos más lento todavía. Pero nuestras manos seguían juntas. Dejó escapar una risita y bajó la mirada ruborizado.
-Espero… - Empezó a decir, mirando al suelo. - …que también te haya gustado ese regalo.
-Tonto… - Le dije sin pensarlo. Él me miró asustado, quizás pensaba que le iba a rechazar. Pero el llamarle tonto fue por otra razón. – Me has estropeado mi declaración. – Le acusé, pero sonriéndole cálidamente.
-¿Tú…?
-Claro…Y tú lo sabías. Creo que soy muy evidente. Siempre se me ha caído la baba contigo. – Le agarré de la cintura, él me imitó y lo estreché entre mis brazos. – Bacon…me gustas desde hace mucho tiempo. Y había escogido el día de hoy para decírtelo.
Me miró sorprendido pero sonriendo, y apoyó su cabeza en mi hombro.
-Debe ser el destino que los dos tontos hayamos escogido el mismo día para hacerlo.
-Eso es porque estamos hechos el uno para el otro. – Le bromeé y escuché la vibración de su risa sobre mi piel. – Bacon…Te quiero.
Él se separó lentamente, me miró con sus ojitos brillantes y sonrió con amor.
-Te quiero, Yeollie… - Me contestó poniéndose de puntillas justo antes de darme el beso más dulce que me habían dado en toda mi vida.

FIN

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